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Descansa en paz, Maestro

Esta mañana, mientras el sol nacía otro gran sol de nuestra literatura se apagaba. El maestro Miguel Delibes fallecía en esa común ciudad que nos unió.

Descansa en paz, maestro, descansa en paz. Gracias por tu vida y por tu obra.

Hago mía tu propia súplica:

Espero que Cristo cumpla su palabra

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Antonio Vega – Rodríguez Z. D.E.P.

Hoy nos ha dejado uno de los grandes compositores del pop español. Antonio Vega ya descansa tras una ajetreada vida. Su adicción a las drogas ha acabado con él, mucho más tarde de lo que muchos pensamos, bien es cierto. Lo reconozco, parece que siento debilidad por cantantes que en su vida personal son un auténtico desastre. También me pasa con Sabina (sí, el de la Zeja, a mí también me cuesta entenderme a veces, pero es lo que hay).

La última vez que le ví en directo fue en la sala Galileo de Madrid, hace ya unos cuantos años, 4 o 5. Ya entonces pensé que sería su último concierto. Uno de mis amiguetes invitó a una amiga francesa. Cuando Antonio cantó “La chica de ayer” a la gabacha le caían lágrimas como puños. Ante mi cara de extrañeza me dijo: “no conocía quién era Antonio Vega, nunca lo había visto. Sí conocía esta canción y me encanta. Ver a un hombre tan débil y enfermo que casi lucha por seguir cantando me da mucha pena, porque no le queda demasiado”. Seguir leyendo ‘Antonio Vega – Rodríguez Z. D.E.P.’

JK5022 D.E.P

D.E.P. todos los fallecidos

Y el timple enmudeció

Me enteraba ayer de la triste noticia leyendo la entrada que Manolo Almeida le dedica en su blog Mangas Verdes, de obligada visita como mínimo una vez a la semana. El increíble timplista José Antonio Ramos había muerto el día antes de un infarto, con tan solo 38 años. El corazón se le había roto sobre una bicicleta estática, rodeado de su música y sus instrumentos. Me entró una tristeza enorme, de ésas que afloran del tuétano de la existencia y se enraízan en el hondón del alma. Era el mejor. Nadie lo ponía en duda. Rompió las fronteras que establece el Atlántico y sus mareas. Y se marchó unos días antes de la puesta de largo de su último trabajo: Very JAR.

Pude oírlo en directo sobre el escenario, hace ya unos cuantos años, en un par de ocasiones, una de ellas junto a otros dos monstruos del instrumento: el conejero Benito Cabrera y el majorero Domingo Rodríguez “el colorao”. En aquellos tiempos eran conocidos como “los tres timplistas”. Eso es nada…

Recuerdo perfectamente el día que lo conocí. Un amigo de entonces, músico y compositor de profesión y devoción, celebraba su cumpleaños. Nos reunió en su casa, una cueva a las afueras de Las Palmas en medio de un platanar. El sitio era tan increíble como húmedo, que ya es decir. Fueron llegando amigos, y a media tarde apareció José Antonio. Se presentó con un apretón de manos. La suya abarcaba la mía sin ningún tipo de dificultad. Era grande, tranquilo, simpático, de muy buen carácter. También llegaron Domingo “el colorao” y su mujer. Ya estaban otros músicos y cantantes. Los menos no nos dedicábamos a arrancar arte de instrumento alguno.

Y a medida que se hacía de noche los instrumentos comenzaron a sonar, por corrillos, sin ánimo de nada. Sólo por el placer de disfrutarlos junto a aquellos que quieres, entienden y comparten. Mi amigo a la guitarra. José Antonio a su inseparable timple. Era impresionante ver a ese gigante -en todos los sentidos- vivirlo, cómo algo tan pequeño era hecho sonar en aquellas manazas descomunales, cómo esos grandes dedos pisaban las cinco cuerdas con la delicadeza de aquel que hace arte y ama la criatura que pare en su regazo.

Fueron pasando las horas, los temas de unos y de otros, los de toda la vida y los que aún estaban siendo pergeñados y sin pulir. Los instrumentos pasaban de manos, entre risas y buenos momentos. Y fueron cayendo las botellas del Areucas carta oro. Recuerdo que el sol nos encontró en el mismo lugar en que nos había dejado horas antes. Los que aún resistimos consideramos que era un buen momento para retirarse a descansar.

Han pasado los años, pero lo recuerdo perfectamente. Y me asalta la tristeza al pensar que el mejor se ha marchado, que junto a su corazón se han roto canciones que pugnaban por ser arrojadas a la existencia. Siempre quedarán los buenos momentos. Sólo compartí con él unas pocas horas y un abrazo omniabarcante. Suficientes para grabarse en mi recuerdo.

Estoy seguro de que en el cielo le cambiarán sin problemas el arpa de serie por el timple MIDI que ideó.

Hemos perdido a un grande entre los grandes. Como homenaje un par de vídeos de aquello en lo que fue el mejor. El primero tocando una folia de siempre junto al que fuera su maestro, Totoyo Millares. Posiblemente parecidas a éstas fueran las primeras notas que arrancase al instrumento cuando aprendió a tocarlo en la infancia. Folias, isas y malagueñas. Pero fue capaz de romper con lo establecido, traspasar fronteras, y llevar el timple mucho más allá, a nuevas formas y modos. Prueba de ello el breve segundo vídeo. A pesar de ser una grabación casera en un momento de ensayos suena magistralmente.

Descansa en paz, JAR. Buen viaje, que el ‘arrorró’ de las folias te acompañen en el camino.

aaa


Una Palabra Tuya…

Dime, por favor, tu nombre.

¿Para qué me preguntas por mi nombre?

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