… y una a una las fueron encerrando

 

Una a una fueron cruzando el umbral que les conducía a su destino final. Una tras otra, despacio, sin prisas, pero con expectación, duda, temor, miedo, ansia, desconfianza, resignación… Durante 22 días un total de 7.120 fueron seleccionadas para cruzar esa puerta y nunca más volver.

Les habían prometido un lugar seguro, tranquilo, donde serían recordadas. “A ti no te pasará lo que le sucedió a ella, tú sobrevivirás”, aseguraban sus promotores. Ellas dudaban a medida que penetraban en los pabellones asignados. “Tú, al ‘A’; a ver, tú, sí, tú, al ‘M’…”.

Algunas habían sido despertadas de un largo letargo. Durante años nadie las había mencionado, nadie se había acordado de ellas, y yacían no sabiendo si olvidadas u olvidando. Otras alegaban un error en el listado, pues aseveraban insistentemente que no debían estar allí. “Soy cualificada, y sigo siendo perfectamente válida. Ha de ser un error, comprueben de nuevo sus archivos. Yo no debería estar aquí. Seguro, seguro que ha sido una confusión”. La mayoría de ellas no eran conscientes ni por dónde les venían dadas. Callaban y asumían estoicamente su destino. Ni lo entendían ni trataban de hacerlo. Simplemente estaban en la lista, luego alguna razón habría para ello.

 Sí, ciertamente había una razón para explicar que su nombre apareciese en esos documentos: alguien las delató, las mencionó, las nombró. Y para su desgracia eso fue suficiente. Ningún tribunal de expertos se sentó a revisar uno por uno cada caso. Daba igual que hubieran sido mil, cien, quince o uno los delatores. Nadie comprobó los datos de quien las incluyó en la lista ni los motivos para ello. Incluso muchas de ellas ni siquiera cumplían los requisitos exigidos para poder entrar a formar parte de dicho lugar; pero, esto, tampoco le interesó a sus promotores. Sólo importaba hacer públicos los datos totales y cuantos más fuesen mejor: 21.632 personas de 69 países diferentes habían decidido.

Un 21 de abril la reja se cerró, la cancela fue echada. Y durante dos días todas las recluidas en el recinto preparado a tal efecto fueron contadas y numeradas. Las sensaciones eran extrañas en todas ellas, no sabiendo con claridad cuál sería su destino, si el tan ansiado y prometido de perduración y recuerdo, o el olvido, la capa de polvo y el ostracismo más absoluto. Compartían sensaciones con las prisioneras de Auschwitz al entrar en las ‘duchas’, mientras la incertidumbre de los minutos pasaba y el miedo inundaba de sudor la rezumante piel de todas y cada una de ellas. Miraban arriba mientras se preguntaban: ¿Saldrá agua o gas? ¿Será nuestra salvación o nuestro lento e inexorable final?

Un 23 de abril fue mostrado en sociedad, al fin, el reciento con sus 7.120 nuevas habitantes. La primera impresión de éste que desde fuera lo vio fue encontrarse con una excusa publicitaria, grandes carteles de ofertas enmarcaban la entrada y los distintos pabellones, desigualmente ocupados.

Al fin la “Reserva de Palabras” había sido creada en el ciberespacio. Y en su interior 7.120 palabras, votadas por cualquiera que tuviese conexión a internet, habitarían con promesas de eternidad y perdurabilidad. Muchas de ellas suspiraban, porque en el pasado habían sido rotuladas sobre rugosos papeles con una preciosa, cuidada y estudiada caligrafía. Ahora se encontraban formadas por una serie de unos y ceros.

Una extraña sensación recorre mi cuerpo. ¿Cuánto durará esta reserva? ¿Realmente será un espacio de protección o una jaula para contener en su interior a las inútiles y antiguas palabras que nunca más serán pronunciadas, que nadie volverá a escribir en un papel, que habrán perdido su lugar en el mundo y esperan, resignadas, a desaparecer como el polvo en el desierto? ¿Será reserva o zoológico? ¿Será prisión o sepultura?

Una absurda combinación de letras serán la llave para poder visitarlas: “www”. Un sonido impronunciable en nuestra lengua cervantina, una herejía ortográfica.

Las palabras fueron nacidas para ser usadas, para convertirse en sonido o en tinta sobre el papel. Necesitan contar cosas, narrar historias, plasmar sentimientos e ideas… Su reclusión es su muerte. Los taxidermistas del lenguaje podrán conservarlas eternamente intactas, pero les habrán arrancado la vida para ello, habrá sido necesario vaciar su interior. Y el brillo de sus ojos será tan falso y vidrioso como el del zorro que cría polvo sobre el estante de una vieja sala.

Pero al mirlo de mi universidad todo esto le da igual. Él se sabe vivo y salta y corre y camina sobre la húmeda hierba del jardín, mientras el cielo descarga una fina y constante lluvia. En su pico amarillo muestra a todos su trofeo: una larga lombriz. La deja y la coge, la deja y la coge, como deleitándose en su hallazgo. Él sí que se siente vivo, gozoso, pleno, triunfal… Prefiere vivir su breve tiempo a fondo que sobrevivir eternamente en formol anclado a una peana. No se lo he preguntado, pero tampoco ha hecho falta.

6 Responses to “… y una a una las fueron encerrando”


  1. 1 Mary White abril 26, 2007 a las 2:20 pm

    Vaya, Ro pensé que “el mirlo” de tu universidad eras tú. Crear una web para el rescate de las palabras no tiene sentido. Tiene sentido usarlas, no tanto en un escrito o en una novela que nadie va a leer, se trata de usarlas en la vida cotidiana. La número uno es “bochinche”… pues eso, a usar bochinche! ¿Te fijaste que entre los primeros está escuchar?🙂

  2. 2 eos abril 26, 2007 a las 7:05 pm

    Si están escritas en algún sitio prevalecerán, no podran borrarlas por mucho que las discriminen

  3. 3 Schwan abril 28, 2007 a las 8:57 pm

    Es muy bonita esta entrada, pero la lengua es un “organismo” vivo, y como tal se modifica, cambia y altera con el paso del tiempo. Pero no pasa nada, porque así cumple su función última y más importante: servir de nexo de entendimiento entre las personas que la tienen en común.

    Es verdad que podemos añorar palabras, que, por guardar para nosotros un significado muy especial (siempre recuerdo ese “hermosa” que me decía mi tata cuando era niña), o bien estar ancladas a determinados recuerdos nos despiertan un sentimiento de pérdida. Como cuando un animalito que nos es querido desparece.

    Como ese mirlo, es posible que muchas palabras prefieran vivir su vida gozosa y plena. Pero no es menos cierto que muchas han de morir para dar nueva vida a ese patrimonio común que es la lengua. Y esas que han muerto, no van a sobrevivir eternamente, te lo aseguro: ni en www ni en formol😉

  4. 4 patitofeo abril 29, 2007 a las 3:55 pm

    Preciosa entrada. Escrita con mucho cuidado y con detalle en los datos.

    Es triste pero cierto que se están perdiendo muchas palabras solo para ser sustituidas por extranjerismos.

    Siempre recuerdo a mi profesora de lengua lamentarse porque la gente llame “hall” a la “entrada” o, como ya nadie dice, el “zaguán”.

    Pero los tiempos cambian, y el mundo global se ceba también en las palabras.

  5. 5 Valea mayo 6, 2007 a las 2:50 pm

    eos, Schwan y Patito feo;

    perdón por la tardanza en mi respuesta. Estos días he estado alejado de mi ordenador y de esta ciudad que me ha adoptado.

    Sin duda las palabras nacieron para ser pronunciadas, al aire o sobre un papel. La comunicación es lo importante, son excusa para poder decirle a quien tenemos enfrente: aquí estoy y te comunico esto.

    ¡¡¡Pero algunas de esas excusas son tan hermosas!!! hay palabras que suenan tan bien, tan tan requetebien. Una amiga italiana que trata de aprender español a marchas forzadas tiene en nuestra lengua palabras favoritas por lo bien que suenan, sobre todo la palabra “blanco”. Dice que llena la boca, que desborda al ser pronunciada. Hay palabras que le hacen mucha gracia, que dice que suenan muy divertidas: “pitufo” y “muñeco”.

    Y siempre me río al oírselas pronunciar, porque vive lo que siente al recrearlas desde el fondo de su garganta.

    El lenguaje es un animal vivo, que cambia, que muta, que se revuelve, que vive, que desaparece, que pasa de mano en mano, de mente en mente…

    Y a él, también, le llega inexorable la globalización de la simpleza. Palabras hermosas son apartadas y sustituídas por prácticas y simples palabras que todos puedan usar…

    Simplificar el lenguaje es simplificar la vida, el pensamiento y la cultura.

  6. 6 Valea mayo 6, 2007 a las 3:00 pm

    Meri, akismet te sigue teniendo manía… acabo de recuperar dos mensajes tuyos que estaban en cuarentena😀

    Irredenta compañera de travesía, sepa usted que bochinche es una palabra que sigue siendo usada mucho mucho. Por ejemplo, estos días que hemos pasado por las islas afortunadas un servidor la ha usado en múltiples ocasiones (allí se emplea mucho también), y varios de mis acompañantes ponían cara extraña y preguntaban que qué era eso…

    Pero sí, habrá que discutirlo con una buena cañita en algún bochinche de esta ciudad que nos cuida y nos mima, y nos hace sufrir


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